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7 dic. 2010

Lenguaje del sol en la Meseta Norte

Era aún verano. Un poco más hacia el sur, hacia mi tierra de nacimiento y nítidos recuerdos, el sol se ponía como un disco de sangre luminosa de corazón que aún palpita; y un cielo cárdeno se
  
desplomaba sobre los horizontes infinitos de Castilla.
  
Los campos de girasoles grises, ya granados, habían perdido su alegre primavera amarilla.
   
Y mi alma se desdibujaba por ese sentimiento confuso por conquistar la cercanía... a fuerza de sentirme cada vez más alejado.
  

Pero al volver, tan sólo un día después, el crepúsculo no me parecía ya del mismo Sol. Era como si lo atraparan aún con fuerza los antiguos dioses del Teleno y compusieran música sobre un fondo de luz ambarina y de color calabaza, sólo para resaltar la majestuosa visión en gris de toda la cordillera del norte, invitando a descubrir todos sus hechizos.
  
Se trataba, simplemente, del regreso a casa; de volver al entorno de esa otra mitad de mi corazón dividido.
  
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Imágenes (fuentes), por orden de aparición:
  

2 comentarios:

Vanadis dijo...

Ida y vuelta: dos contrastes en color y sentimientos sobre un mismo paisaje, unas mismas montañas... todo, aún siendo lo mismo, puede ser de diferente color dependiendo de los ojos con los que se mire, de las emociones que le susciten o de la compañía que le rodee a uno.

Luis Nieto del Valle dijo...

Efectivamente, Vanadis, a la propia belleza en sí del paisaje, en el poema existe el añadido de unos sentimientos de "corazón dividido", no sólo por ambos lugares -que también, y más cuando resides 20 años en otra ciudad distinta a la que te vio nacer y crecer- sino también, y sobre todo, por las personas muy queridas que hay en ambos.