Bienvenida

Entras en un taller de poesía donde no hallarás ningún maestro; tan sólo un alumno con vocación de no dejar nunca de ser alumno.

15 feb 2011

Oye, mamá

 








Hola, otra vez, mamá. Ya sé que no me oyes,
ya he colgado el teléfono.
   
Ya ves, yo siempre te he llamado "Dora"  -por tu nombre.
Al menos no recuerdo si, de niño,
yo te decía “mamá” como otros niños.
    
Hoy, al llamarme, por esto de mi cumpleaños,
me ha gustado saber  -que me contaras-
que me parías en casa, en aquel mediodía,
mientras el tren bufaba cerca, abriéndose paso
entre una fuerte nevada.
    
El tren estuvo siempre en mis recuerdos de niño,
y ahora conozco éste, tu recuerdo tan vivo.
    
El tren, siempre, sobre el verdor de mi vida.
Y no sé si, por ello, a días soy Encuentro
y otros días... Huída.
    
Descansa, mamá (te llamaré "mamá"
ahora que no me oyes). Otro día  -mañana-
hablaremos de nuevo
sobre asuntos de... huesos.
   

14 feb 2011

La belleza de la rosa




















Observa, en la rosa, esa indudable belleza
que no es atributo de su variado color,
ni tampoco es deudora de su cambiante fragancia.
   
Quizá es la atractiva disposición de sus pétalos,
queriendo encubrir todos los secretos;
o será su aterciopelada sensualidad
de labios entreabiertos.
   
Hoy quiero aproximar a tus labios una rosa
roja y perfecta,
para repetir una vez más, contigo,
la más dulce vivencia.
   
Es la rosa quien gana belleza recobrada.
Son tus labios los que anhelan el húmedo beso.
Y tu cuerpo se ondula como pradera inmensa,
inmensamente besado el verde trigo,
uvas de mi pasión,
los juegos de carmín, la exudación
de un manantial de nácar que se funde
con el calor que aún da este leve ocaso.
   
Veo, pues, en la rosa, la inefable belleza.
Quizá porque es efímera;
como el amor, a veces;
como nuestra existencia.
   

12 feb 2011

Gracias













Gracias, gracias, te estoy agradecido
por animarme a seguir,
porque soy consciente del camino que aún me falta
para no llegar nunca,
para no llegar nunca.
   
Voy buscando los últimos espacios
de la vida, vuelo,
tengo un ala feliz,
traslúcida,
y otra ala sobre la oscura sombra
de mi sombra.
   
Y el cuchillo está mal afilado, es tosco, romo.
Pero ya sólo quiero desangrarme
en los poemas, despejar mi camino
desde una oculta cumbre de agua clara,
antes de regresar,
desnudo,
(esta vez con certeza)
al punto de partida.
   

6 feb 2011

Así tu sombra

















Cómo decírtelo, hijo mío,
cómo explicar todo lo que aprendí de mis padres;
lo que ellos, a su vez, observaron en los suyos

de forma tan sencilla,
remontándonos sucesivamente
hasta alejadas e ignotas ramas de tu estirpe.
   
Cómo mostrarte la herencia recibida:
tan sólo un cuenco de sal
por tantas gotas de sudor evaporadas,
por cada lágrima.
   
Cómo mostrarte en mí todo el amor recibido,

cuándo querrás apreciar el que tú obtienes,
pues nada más obtuve

y poco más tenemos.
   
Ningún bien material nos llega desasido

de los brazos del trabajo,
del esfuerzo pegado a los costados.
Los días del pasado ya fueron deshojados

con frías herramientas y utensilios
ávidos de fuego. Y los ojos quemados
abriendo cada noche
con los faros de un camión en carretera,
con el flexo iluminando un costurero
después de arrojar luz sobre libros o teclados.
   
Así es como, hasta ahora, obtuvimos la riqueza
de poder satisfacer lo necesario.
   
Cómo explicarte, hijo, cómo decírtelo
(sin insistir ni cansarte demasiado,

sin apagar tu luz ni tu alegría)
que ya tienes edad para pensar
en la sombra que acompaña a tu carne;
para pensar
en la carne inmaterial que recibiste,
bajo mi sombra, siempre,
desde que naciste,
con un beso en la frente,

con mi beso en tu frente.
    

30 ene 2011

El río











En la ciudad que dejé, hace ya tantos años,
he visitado el barrio de la infancia,
de la pubertad, de mi despertar a la vida.
Estaba desconocido: allí el progreso
había cambiado todo a fuerza de no cambiar
apenas nada.
  
Deshabitadas y en ruina permanecen
muchas de sus típicas casitas bajas.
Permanecen, ya avejentadas, aquellas nuevas
edificaciones que ya entonces se enraizaron
en la fertilidad calcinada de los huertos.
Ahora es un barrio viejo,
sin juventud, sin niños,
triste,
sin aquel merendero de siempre, junto al río,
sin el bullicio de las tabernas en domingo.
  
El plan de mejora de la urbe dejó el río
dragado, ensanchado, canalizado, sin árboles,
sus márgenes compactados con grandes piedras
de otro lugar extraño, parterres de rosales,
apósitos de juncales en su lecho, patos
como allegados bajo contrato temporal,
barandas amarillas en sus múltiples puentes…
  
En el barrio, este cambio en el río, y el olvido,
son los únicos cambios en cuarenta y un años
de progreso. Quizá se hizo tedioso especular
con sus terrenos, comprárselos
viejo a viejo,
muerto a muerto.
  
Gracias, gracias por los puentes: son útiles.
Pero veo a la gente pasar enfantasmada,
sin saludar ya a nadie, pasar de barrio a barrio,
de miseria a pobreza, de forma apresurada
para llegar a Ninguna Parte velozmente.
Y quién podría ser yo, sino espectro sobre un puente?
  
 







Desde mi casa baja, durante muchos años,
podíamos ver el río.
  
Y sí: también nosotros nos mudamos después
para otro barrio, pero me preguntaba:
¿dónde estarían ya los conocidos vecinos?
¿qué habrá sido de mi cómplice chiquilla
tan pecosa que vivía en un tercero?.
   
Casi catorce años de niñez y…
nada me unía allí con el pasado,
ya no existía nada, ni mi casa,
y ninguno de los lugares de mi infancia.
Quise encerrarme en el coche, entornar
los ojos para ahogarlos, para aliviar su herrumbre,
para respirar hondo y recordar.
  
Y así, casi al instante, sucedió que…
oía croar a las ranas y sentí en la cara el viento
que hacía temblar las hojas de los chopos,
y un cangrejo pinzándome los dedos,
y el rumor del agua, y los remansos
con escurridizos renacuajos, pececillos,
y toda la vida sentida en aquel río.
  
Con húmedos guijarros en las manos,
volví a hacer puntería sobre esas lagartijas
que asomaban por los ladrillos huecos y rotos
de las soleadas tapias en los meses cálidos.
Volví a trepar hasta la infancia por mis venas,
volví al muchacho feliz (y quizá algo bruto:
como cualquier otro en esa época y lugar),
volví.
  
Volvió mi alma partida hacia su hogar humilde,
a su palacio, a esa casita que era tan húmeda,
de fachada azul y verdes persianas de madera,
que Madre convirtió en hogar con tanto trabajo
mientras el invierno mordía el carbón
desde la escarcha de las tejas, desde el carámbano,
desde la fría cúpula de la niebla.
  
Volví a enhebrar la luz de aquellos años,
la memoria, la vida de aquel río que ahora,
al paso por la ciudad, ya no es un río.
  
Volví al olor de la tierra en el verano
y a oír, tras del riego vespertino de los huertos,
el canto campanillero de los sapos
atrayendo a sus hembras a la luz de luna.
  
Tan sólo me quedaban los recuerdos,
todos estos recuerdos y otros muchos
del hombre gruñón y triste que voy siendo
al resonar los ecos de la vida que ya he muerto.
Así es como regreso a mis perdidos lugares,
tan sólo así cabalgo hacia mi origen
para ir caminando ya, despacio, en paz,
hacia el origen.
  
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Imágenes (fuentes):
  "Río Esgueva, Valladolid"  >  Google  >  http://www.panoramio.com/
 

12 ene 2011

Ecos de Haití






  













Amanece triste... como entonces:
para seguir llorando, también se reunieron
las nubes de aquel día con las de su noche.
 
No sé qué sentiría la Tierra en sus entrañas,
porqué quiso apuñalarse allá donde más duele,
porqué seguirá abierta esa herida, sin sutura:
doscientos cincuenta mil  -y mal contados-  son...
tan demasiados muertos!
tantos!
tantos!
  
¡Y qué pronto se fatigaron los titulares de los diarios,
qué pronto dejaron de abrir al mundo
las ventanas por donde obligaban a asomarse
a cualquier huerfanito, a cualquier ser viviente
sorprendido de seguir aún latiéndole el corazón!
  
Quizá muchos preguntaron por la dirección de Dios,
porque no hubo ración de infierno suficiente:
los malhechores se han sentido redimidos
para volver al pillaje, los violadores han obligado
a las niñas a jugar al sálvesequienpueda,
el cólera ha repartido cartas sobre un ciclomotor;
y Dante ha perdido el siglo por cuyo viaje
habría de escribir sobre el selecto Club de los...
Cuatro Jinetes del Apocalipsis y Todos sus Comparsas:
esos Gobiernos Poderosos sin interés por controlar
el caos de Haití porque allí no está sentado a la diestra
de un interés rentable.
  
Ya demasiados muertos y más muertos…
  
Y todos esos muertos quizá podrán, por fin,
quejarse justo ahora, en su efemérides,
con sus caritas grises y asustadas,
en todos los grandes medios de comunicación.
  
Así redobla su tambor el alma
del ciudadano del mundo, membrana
vibrando de impotencia, preguntándose:
si ya tan velozmente podemos comunicarnos, ¿para qué?.
Preguntándose si ya, quizá, nosotros mismos
todos estemos muertos; si ya hace mucho tiempo
nos hubiéramos muerto.
  
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Imágenes (fuentes), en sentido de arriba a abajo, primero en la izquierda y luego en la derecha:
  
   "Terremoto Haití (mujer observando)"          >  Google  >  wiki.taringa.net
   "Terremoto Haití (niños sin padres)"               >  Google  >  momento24.com
   "Terremoto Haití (manos de víctima)"            >  Google  >  sonypozo1.blogspot.com
   "Terremoto Haití (niña clama al cielo)"        >  peruinmigrationdocumentationproject.blogspot