Bienvenida

Entras en un taller de poesía donde no hallarás ningún maestro; tan sólo un alumno con vocación de no dejar nunca de ser alumno.

29 nov. 2010

Pregunto... y no espero respuesta









Necesito leer en los ojos de la noche,
preguntar ante el látigo del viento.
 
¿Cómo es posible que tú, dulce madre,
que fuiste desposada siendo aún una niña,
seas capaz de inundar
con tanto amor nuestro humilde cobijo?
 
¿Qué dios te habita en tu milagro, cómo
la hija de un pueblo que fue desposeído
y expulsado de su tierra levanta un hogar
sobre la plenitud de la nada en el desierto?
 
Yo he conocido otros lugares, madre,
durante meses colmada de regalos, madre,
y nada pudo borrar tu mirada de amor
con todos mis hermanos rodeándote, y yo…
llorando en mi partida.
 
Yo nunca podré ser como tú, madre,
sin niñez, sin juventud, sin un marido joven,
con un hombre que se quedó sin alma
al dejar su tierra y sin nada que construir,
tampoco militaba, tampoco te ayudaba,
sólo quiso quedarse esperando y esperando,
y ya sólo vagando y no esperando.
 
Yo nunca podré ser como tú, madre,
pero me has dado fuerza,
tú me das fuerza para luchar por nuestra tierra,
y aquí, sin que me oigas, en esta noche negra,
te juro que te admiro y que seguiré llorándote.
 
Y ante el frío silencio de todas las estrellas,
debo también preguntar al Supremo Guardián
del Giro de la Tierra: ¿por qué, cómo,
mientras va deshojando los años en sus días,
es posible observar tanta belleza
y a la vez tanta sangre derramada?
 
Si todos habremos de apearnos de este viaje
en plena marcha, desde este veloz
astro insignificante desplazándose
y girando absurdamente por el universo,
¿qué enloquecedora fiebre,
qué estúpido entendimiento
engendra reyes usurpadores de la vida
de tantos súbditos, de tantos subyugados
en tan vil e ignorado sufrimiento?
 
Nadie me responde...
 
Escucho los susurros de la noche. Interpreto
todos los silencios y lenguajes en el viento.
   
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Poema publicado también, con permiso del autor, en:
 
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Imágenes (fuentes):
   "Atardecer en Tinduf"  >  Google  >  
http://www.losviajeros.com/

   "Mujer en el pozo"         >  Google  >  http://www.deia.com/
  

26 nov. 2010

Acantilados cantábricos









Queriendo seducirla, el Mar
lamía las cavernas de la Tierra
con ofrendas de espuma y caracolas.
Pero Ella estaba ya preñada de flores,
prados verdes y frescos maizales.
  
Suave era el soplo del Viento, aliviando
la pasión de estos amantes:
sólo quería limitarse a ser
un fiel encubridor de sus secretos.
  
Cálido y paciente, el Sol,
sus pinceles de luz entre las nubes
decidiendo el matiz de los colores.
  
Sol, Tierra, Mar y Viento.
  
Hay un hombre que pesca,
dos niños lanzan piedras.
Y un barco busca rumbo allá, a lo lejos.
 
Tanta es la belleza que, un caminante,
cualquiera que contemple en solitario,
se sentirá, de forma inevitable,
tremendamente solo, deseando
tener a quien amar entre sus brazos.
  
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Imágenes (fuentes):
   "Primer acantilado"      >  Google  >  http://www.panoramio.com/
   "Segundo acantilado"  >  Google  >  jarrio.blogia.com
  

24 nov. 2010

¿Qué me ocurre, doctor?














Sólo es un zumbido, nada más.
Sólo avispas tenaces en enjambre
alojado entre tus días y tus noches,
nada más.
  
“Los oídos están bien, será el cerebro,
quizá duermes poco, quizá el estrés…”
No te sirve ese diagnóstico, tú sabes
lo que te pasa, tú lo sabes.
  
De vuelta a tu trabajo, desconectas
la radio del coche, sin música ni publicidad ni bla-bla-blá,
y al paso te desvías, te detienes
en ese parque cuya arboleda invita a la búsqueda
del silencio quebrado y perseguido.
  
Y es cuando asoman todos esos rostros,
con su expresión y sus nombres en un veloz repaso que no
entiendes,
pero luego...
sólo ves a tu madre,
sólo te ves como un niño de barrio en la ciudad que dejaste,
y te da por recordar aquella espera
del tren, escuchando su avance sobre los raíles,
toda la pandilla calculando su distancia,
todos esos corazones agitados por el silbo de la locomotora,
pero sabiendo retirar a tiempo
la cabeza.
  
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Imágenes (fuente):
   "Representación zumbido"  >  Google  >  blogs.monografias.com
   "Niñas en la vía del tren"       >  Google  >  burdon.zonalibre.org
  

Octubre en octubre

 










Sigue lloviendo.
  
Detengo la lectura: los recuerdos
irrumpen hoy de forma caprichosa,
quebrando el sosiego con imposibles presencias.
  
Sentada frente a mí, tú también lees. Te miro
e inquieto me levanto. Involuntariamente
observo los objetos que hay sobre los muebles,
me evado reconociendo la felicidad
que se detuvo en cada fotografía. Y pienso:
ya nada más nos une,
tan sólo ese pasado, y que a la vez es tanto!
  
Avanzo hasta la puerta de cristales, contemplo
el exterior: pisa la decadencia
sobre oxidadas hojas amarillas
y el viento zarandea los árboles mojados.
  
Regreso la mirada: reparo en la osadía
de una mosca que surca
este silencio gris
de octubre en nuestro octubre.
  
Y sigue lloviendo…
  
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Imágenes (fuentes):
   "Pinzas con hojas"  >  Google  >  los-alechares.blogspot.com
   "Árbol y lluvia"       >  Google  >  cristinasixto.blogspot.com
  

En el hospital


 













Es el hospital. Y pasan
lentas las fugaces horas
de la vida. Pasan
entre sus puertas las veloces
horas de la muerte lenta.
  
Se hizo preciso un descanso, comer
en la cafetería. Estabas sola:
"No hay mesas libres, ¿puedes compartir...?"
Me miras: "Por supuesto"  -me respondes.
Y enseguida te hablo. Con prudencia,
por tu familiar pregunto y vi que agradecías
salir de aquel estúpido silencio,
quebrar la soledad que nos ahoga…
 
Y ahí estabas tú,
desnudándote,
en un mar de emociones, en un mar
de lágrimas, tristeza, risa, júbilo…
las cosas de tu vida,
toda tu alma en una misma copa
de buen vino que yo quería beber,
llevándote al compás
de un baile improvisado de palabras.
 
Y ahí estabas tú,
tú expresándote con tanta dulzura,
tú con tanta vida… !
Y yo…
yo mirándote como única tregua
de la muerte, y deseando abrazarte
para abrazar la vida.
 
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Imágenes (fuentes):
   "Pasillos de hospital"  >  Google  >  antilopeconstructora.com
   "Mujer llorando"          >  Google   >  milugarenlared1.spaces.live.com
  

22 nov. 2010

La rosa del desierto

 












Hasta El Aaiún se fueron a recordar al mundo,
a un mundo sordo y ciego,
que hay un pueblo expulsado,
que hay un pueblo sin tierra.
 
Dónde estará mi amor,
quien, al cumplir quince años, ya me escribía “Tú eres
como una bella rosa en el desierto”?
 
Dónde estará mi padre?
Qué será de mi madre, con su mirada triste?
 
Hasta el cielo enmudece
y ningún dios se apiada.
Veo una luna negra;
si miro las estrellas, parecen cenicientas.
 
Esta noche no duermo,
nadie duerme esta noche,
hay un perro que ladra,
allá ladran más perros en un vacío sin alma.
 
Tampoco tengo hambre: esta noche, la arena
sabe a sangre y a lágrimas,
sabe mucho más agria.
 
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Poema publicado también, con autorización del autor, en:
  
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Imágenes (fuentes):
   "Ataque al Campamento de la Dignidad"  >  Google  >  http://www.saharatoday.net/

   "Joven saharaui"                                                 >  Google  >  http://www.nortecastilla.es/
   

Tindouf-Dajla: sólo un mal sueño


Hoy me he despertado, hermanos, huyendo:
saliendo de un mal sueño.
Me hallaba entre vosotros, habitando el terruño
del Sáhara más inhóspito y estéril,
allá donde os acogieron, allá donde ya sois
eternos refugiados olvidados
en un olvido eterno y despiadado.
  
He visto algunos rostros hinchados, silenciados
por culatas de fusil y botas de soldados,
otra vez deshaciéndose la tenue ilusión
de una hipócrita y tibia diplomacia,
quebrándose de nuevo la esperanza.
  
He vuelto a ver vuestras famélicas cabras
que mordían la madera y el plástico,
e inquietas miraban  la parsimoniosa espera
de un dromedario flaco
y el tiempo detenido
ante una puesta de sol y su belleza extraña:
la luz muriendo en sangre o fuego, dunas
que se perfilan como si ocultaran
a España, a Marruecos y a la ONU… su vergüenza.
  
Pero también he visto la fascinante imagen
de un grupo de mujeres que caminaban juntas,
siluetas con melfas de colores sobre el seco
horizonte de océano de arena.
Esas mujeres fértiles pariendo
sucesivamente a un pueblo sometido
bajo la enfebrecida luz del sol, bajo el manto
de todas las estrellas en un cielo infinito.
  
Me han mirado también los vivos ojos
de unos niños, los que sobrevivieron,
que empezaban sus clases en la escuela.
Entre ellos no veía ni a Enguía ni a Zagma,
habían crecido. Eran otros niños
y sin cesar también sonreían y cantaban,
y yo seguía sin entender de dónde manaba
su inagotable fuente de afecto y alegría.
  
La maestra dijo, de pronto, “me falta uno”.
Me apresuré a buscarlo por toda la wilaya,
entre las jaimas y los chozos de adobe y entre…
piedras, polvo y arena, dromedarios y cabras.
  
Hoy me he despertado, hermanos, sudando
cuando, al fin, hallé a ese niño que buscaba.
Estaba al fondo de un pozo, un pozo
sin agua. Quería salir él solo,
sin ayuda de nadie, con orgullo de líder
que camina seguro a destruir su espejismo:
un mañana que para él no existe.
Llevaba en su cintura una cuerda con latas,
únicamente latas de sardinas vacías…
simulando un cinturón de explosivos.
  
A mis hermanos de aquí, a mis otros hermanos,
a todos vosotros, mis compañeros y amigos,
debo pedir perdón… por irrumpir
intencionadamente en vuestros propios asuntos,
en vuestro ensimismamiento,
pero hoy necesitaba escribir sobre este sueño,
antes de beber agua,
antes del desayuno.
  
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Poema publicado también, con autorización del autor, en:
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Imágenes (fuentes):

   "Campamento"  >  Google  >  blogs.20minutos.es
   "Mujeres"             >  Google  >  www.trekearth.com