Bienvenida

Entras en un taller de poesía donde no hallarás ningún maestro; tan sólo un alumno con vocación de no dejar nunca de ser alumno.

30 ene. 2012

Blues de una noche de invierno, v2

  
  
  
  
  
  
  
  
  
  
Pasos:
el eco de mis pasos, soledad
lenguaje de muralla en las noches de invierno.
     
Charcos:
olores de humedad
espejos con faroles encendidos.
     
Derroche: agua potable en tiempo de sequía
regar y cepillar un suelo ya barrido:
pavimentos nobles de la ciudad.
     
Sobre charcos, mis pasos;
y entumecidos pasos de una mujer mendiga:
zapatos descosidos, desarmados,
y el largo caminar que la esperaba
   -sus pies en mordedura de agua fría.
     
Pasos, ecos...
espejos de pobreza en derroche…
   
Me ajusto la bufanda y el abrigo
... y un apretar los dientes
y un chasquido de puños...
pero cómo evitar este mal ácido:
                                                                esa mujer
desdibujándose en la noche y la neblina.
     

29 ene. 2012

Jasminum meznyi


   
    
nombre en botánica:   jasminum meznyi,
nombre común:  jazmín amarillo,  jazmín de invierno
   
  
  
  
  
  
Los árboles, desnudos, no evitaban la envidia:
  
El jazmín amarillo, su delicada flor
brota junto a mi casa, bajo heladas extremas
cuando ya entra el invierno.
  
¡Qué intenso el amarillo, bajo el frío y la niebla
tan delicada flor!
  
Y yo me hago preguntas mirando al firmamento
sin obtener respuesta:
                                             ¡sentirse tan pequeño...!
   
… y volver la mirada
al jazmín amarillo
       -su delicada flor.
  

15 ene. 2012

Blues de una noche de invierno, v1

 









  

        
Foto de  Ana Undurraga



  
  
Con mangas riegan el vasto pavimento
hombres uniformados, cuando la noche pisa de puntillas,
y una vez más se eleva el aire húmedo
desde los adoquines y la piedra:
                                                      da gusto respirar
en la zona noble de la ciudad.
  
Propulsan, los hombres, el agua desbocada
                                                                         que arrastra
minúsculos desechos que no fueron barridos
en sus repasos múltiples, diurnos,
por la zona noble de la ciudad.
  
Pero esta noche fría del invierno, esa mujer
con sus piernas entumecidas caminando lentísima,
su lata más bien sorda de monedas en la bolsa de plástico,
sus zapatos abiertos, sus harapos,
se ha visto sorprendida por unas lenguas de agua
y acharolados charcos
                                      por limpieza tan pulcra
en la zona noble de la ciudad.
  
Yo tan sólo iba en busca del eco de mis pasos:
                                                                            lenguaje de muralla
por calles empedradas que se quedan vacías
cuando la noche lame los faroles y su luz mortecina,
rincones donde aún hablan palacios y conventos
a inmuebles renovados y a otras casitas viejas, vacías;
cuando el agua suaviza la huella del invierno
y se respira bien
                            en la zona noble de la ciudad.
  
Pero cómo evitar este mal ácido: esa mujer
adentrándose despacio en la neblina,
y el largo caminar que ya la espera
                                                            con pies húmedos y fríos;
y hombres que ejecutan deprisa su trabajo
vertiendo agua potable en tiempo de sequía,
para lustrar un poco más el pavimento
                                                                  y el decoro
de la zona noble de una ciudad.