Bienvenida

Entras en un taller de poesía donde no hallarás ningún maestro; tan sólo un alumno con vocación de no dejar nunca de ser alumno.

30 oct. 2011

Terraza frente al mar

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
  
  
  
Pasó a un segundo plano el mar
ante un fulgor de vida tan concreto.
  
Más acá de la hipnosis de ese azul infinito,
más acá del repetido choque de las aguas
y los ojos del padre perdiéndose en la playa;
más elevado aún que el grácil vuelo
de uniformes gaviotas  -las de todos los días-
no hubo visión más bella que en vosotros.
  
Carentes vuestros rostros, en expresión serena,
de objetiva belleza, en ellos se observaban
por el amor, tocadas las miradas.
Sensualmente os lamíais la punta de los dedos
jugando con la lengua por fuerza del deseo,
ignorando (vosotros) a quienes nos sentábamos
tan sólo a un par de metros, en la mesa de atrás.
  
A sorbos un gin-tonic, yo no estaba tranquilo:
jugaba al tintineo de hielos en la copa,
pues nunca tan ausentes las mieles de mi amor.
Padre estaba a mi lado, su tos le molestaba;
sólo de vez en cuando, algo exclamaba:
algo nada importante, una queja en voz baja,
lo de todos los días, lo de muchos momentos…
  
Ojos de pez ojos de agua, los ojos de mi padre:
se los llevó una gaviota triste
                                                           que volaba
allá en el horizonte,
perdida en el océano.
  
Desde aquella terraza,
tan sólo sucedían
esos plácidos días,
sus rayos vespertinos,
del final de un verano.